“LA VIDA ESPIRITUAL EN EL MATRIMONIO” (PRE-MATRIMONIALES III)

Podríamos decir que el matrimonio es una realidad que tiene diferentes dimensiones entre las cuales hoy vamos a destacar una: la vida espiritual. Evidentemente tenemos que partir del hecho de que desde el punto de vista de la fe cristiana, casarse es algo que va mucho más allá de la creación de una familia, educar unos hijos y vivir acompañados toda la vida. Para nosotros, y así lo veíamos en el tema “¿Tiene una meta el amor?”, el matrimonio es un camino cuya meta va más allá del mero convivir del amor humano. El amor en el matrimonio nos descubría un horizonte más amplio y profundo que nos llevó a la fuente y a la cumbre de toda forma de amor humano: Dios y la vida eterna. La vida espiritual es, por tanto, la relación de intimidad que se establece entre la pareja y Dios. Sí sí, ya sé… esto suena un poco así… ¿raro? Sin embargo, ¿de qué sirve que os traiga un matrimonio cristiano y os hable directamente de la necesidad de que oréis, participéis de la Misa dominical, eduquéis en la fe a vuestros hijos etc… si no conocéis a Dios? La primera pregunta que tenemos que hacernos, por tanto, es acerca de nuestra relación con Dios.

¿Qué entendemos por Dios? ¿Se trata de un “algo” que… tiene que haber por ahí, en el espacio, en el cielo…? ¿O es alguien al que acudimos cuando tenemos problemas o dificultades? ¿Y cuando nos va bien, experimentamos la necesidad de estar con Dios?

Lo primero que tenemos que decir es que, según la vivencia de Dios de los cristianos, Dios es un ser personal, es Alguien, no algo; una Persona a la que se puede hablar, amar, tratar, intimar; al mismo tiempo que Él mismo se dirije a nosotros. De esto nos da testimonio tanto la Sagrada Escritura como la vivencia viva de tantos creyentes (Ver por ejemplo, los Salmos).

Ahora bien, si Dios es Alguien con quien podemos hablar y que de hecho ha venido a nuestro encuentro con palabras y hechos ¿qué ha hecho y dicho Dios? Pues darnos el aliento, el alma, el espíritu inmortal, primera verdad propiamente humana que nos da nuestra verdadera dignidad. ¿Sabéis por qué la Iglesia enseña que el aborto es un crimen contra la dignidad de la persona? Porque una persona no es un ser más del universo, una especie evolucionada… sin más. Es alguien querido y amado desde el principio por Dios. Una vida es sagrada, el alma de una persona es un santuario que nadie, ni en nombre de la ciencia ni de ningún supuesto bien mayor, puede ser destruído, manipulado o eliminado.

Me gustaría insistir más sobre un hecho extraordinario. Sí, Dios sale a nuestro encuentro, Dios se acerca a nosotros, se hace compañero de camino en nuestra vida. ¿Conocéis la parábola del hijo pródigo? Es una historia que Jesús cuenta para explicarnos cómo nos ve Dios a nosotros, qué somos para Él y lo inmenso que es su amor por nosotros. Un hijo pide la herencia a su padre, y éste se la da. El hijo se va del país y se gasta toda la fortuna mal viviendo con malas mujeres y a la “buena vida”. Después de quedar arruinado empieza a pasar necesidad, entonces reflexiona y se dice a sí mismo: ¿Cuántos jornaleros de mi padre tienen todos los días su plato de comida? Y se puso en camino pensando cómo sería el encuentro con su padre: -Le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; por tanto, trátame como a uno de tus jornaleros. Y cuando llegó, se dio cuenta de que su padre estaba a pie de monte, como esperándole. Cuando le vio llegar, salió corriendo a su encuentro. Cuando el hijo se puso en su presencia empezó a decirle: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco… Pero el Padre lo interrumpió cubriéndolo de besos y abrazándolo sin parar. Cuando llegaron a casa,  mandó a los criados le pusieran el anillo y las ropas propias de un hijo, y mató al ternero cebado, el mejor cuidado, e hicieron gran fiesta (cf. Lc 15, 13.11-32).

¿Habéis visto qué comportamiento tiene el padre de la parábola? Pues Jesús cuenta esta historia para decirnos de alguna manera que Dios es así… Él quiere tener con nosotros la misma relación íntima que tiene un hijo con un padre y una madre. Por tanto, que Dios procura incansablemente salir a nuestro encuentro para que compartamos nuestra vida con Él, no porque Él tenga necesidad de nosotros, sino justo al contrario, porque somos nosotros los que nada podemos hacer (cf. Jn 15, 5). Esos besos del padre de la parábola a su hijo, esos abrazos expresan también que Dios siente un profundo cariño, una gran ternura por nosotros. Quizá para nosotros Dios no sea o no cuente nada. Sin embargo para Él nosotros sí somos importantes. El amor que Dios tiene por cada uno de nosotros es un gran misterio. Sí, lo es, porque nuestra existencia no se debe al azar. Dios nos ha puesto en este mundo porque nos amó desde el principio. Pensó en nosotros, y al pensarnos, nos amó tanto que decidió darnos existencia, darnos la vida. Y no pareciéndole suficiente, incluso después de nuestro continuo rechazo y pecado, sufrió la muerte en la cruz también por amor a nosotros, dando hasta la última gota de Su preciosa Sangre, para nuestra liberación y redención. ¿Qué decir, pues? Que tenemos un Dios, Padre, que nos ama. Que Éste Dios tiene un Rostro, una cara y un Corazón al que nuestra mirada, la mirada de nuestro ser más profundo puede dirigirse con paz, y sosiego, la paz propia del niño que vive confiado en los brazos de su madre. Podemos hablar a Dios, podemos amarlo, podemos tratarlo porque en Jesús de Nazaret podemos tocar, ver y oír al mismo Dios. Y cuán esencial será nuestra amistad con Jesús, que ésta llega a ser el encuentro fundamental de nuestra vida. Amaremos a nuestros padres, hijos, hermanos, amigos, esposos/as… pero aún no habremos descubierto el amor de nuestra vidas si nos privamos del amor de Cristo, el Amor eterno, la Vida en Persona, la Eternidad hecha Rostro…

Si esto es así, entonces podremos explicar y desarrollar ahora con nitidez la importancia de la vida espiritual en el matrimonio, el lugar que Cristo ocupa en el corazón de cada persona y en el de la pareja. Cómo aprender a amar al otro a partir de cómo nosotros amamos a Dios, aunque, sobre todo, a partir de experimentar cómo Dios nos ama a nosotros.

Bien, pues, ahora escuchemos el testimonio de cómo una pareja de casados ha vivido su vida espiritual en el matrimonio, cómo han planteado su vida de una manera concreta a partir de que Dios irrumpió en sus vidas, y cómo les cambió TODO… Escuchemos atentos…

Acerca de manuel29

Sacerdote católico 29 años Diócesis de Cartagena (Murcia)
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